Esta semana supimos de 31 casos de menores fallecidos en centros de Sename que no fueron reportados a la justicia; un hecho que, a todas luces, da cuenta de un desorden y una notoria falta de protocolo por parte de este organismo al momento de producirse decesos, lo que se suma a una larga lista de irregularidades y falencias a las cuales están expuestos los niños más vulnerables de nuestro país.
Según información que entregó el propio servicio, hasta la semana pasada eran 185 niños los que habían muerto en hogares y residencias entre 2005 y 2016, cifra que ya era alarmante y que desató, junto con la muerte de la pequeña Lissette, de 11 años, la crisis que vive esta institución. Ahora, gracias a la labor del fiscal Marcos Emilfork, sabemos de estos nuevos casos, que vienen a agravar la situación actual de este servicio.
Pero la verdad es que los problemas que tiene Sename vienen de mucho antes; incluso, me atrevería a decir que son producto de un mal diseño desde su concepción, tanto en su funcionamiento como en su presupuesto, el que desde siempre ha sido exiguo. Se requiere una reforma sustancial para cambiar este servicio.
Desde hace algunos años venimos insistiendo en que se aumente el monto de la subvención para los niños, basándonos en un estudio de la fundación San Carlos de Maipo, que revelaba un grave déficit presupuestario para lograr una atención integral de los menores. No puede ser que el Estado invierta $215 mil mensuales en cada niño dependiente de Sename, en circunstancias de que por cada persona adulta privada de libertad el Estado invierte más de $600 mil.
Es por este mismo presupuesto precario que las personas que trabajan directamente con los menores de edad reciben sueldos que no están acordes con la tremenda responsabilidad que tienen, lo que deriva en que muchas veces no se cuente con el personal calificado que un niño en situación de vulnerabilidad requiere.
A todo esto se suma el cierre de muchas residencias y casas de acogida por falta de recursos. En Coyhaique, por ejemplo, hace algunos meses cerró el centro Renuevo, dependiente de la ONG del mismo nombre, que albergaba a menores de entre 6 y 17 años, dejando a dos adolescentes vulnerables viviendo en una cabaña de turismo. Claramente es una situación lamentable que no debería ocurrir, por lo que estamos pidiendo contar pronto con un Centro de Reparación Especializada de Administración Directa y así no depender de privados para brindarles atención a nuestros niños.
Según expertos, el 70% de los niños de Sename necesita atención por enfermedades mentales, y, de esa cifra, el 10% requeriría internación. Para esto, es importante que el Ministerio de Salud entre a jugar un rol más protagónico en materia de infancia y asegure el acceso de estos niños a tratamientos especializados.
También es necesario que se refuerce el programa de familias de acogida, las que cumplen un rol fundamental para los niños, niñas y adolescentes que se encuentran en situación de desamparo. Es preciso establecer más incentivos para aumentar el número de familias que quieran acoger a los niños más vulnerables.
En materia legislativa, en el Senado estamos avanzando a paso firme. Formamos la Comisión Especial de Infancia, instancia que presido y que se ha encargado de agilizar la tramitación de dos proyectos emblemáticos, como son el que crea el Defensor de los Derechos de la Niñez y el que aumenta las sanciones por maltrato infantil en contexto extrafamiliar.
Con el defensor, estamos pagando una deuda que tenemos con la infancia, porque Chile y Uruguay son los únicos países de Latinoamérica que no tenían esta figura en su institucionalidad. En un futuro cercano, podremos contar con este ente autónomo, que tendrá la misión de poner el dedo en la llaga y denunciar dónde no se están respetando los derechos de los niños.
En un momento en el que la institucionalidad del Sename está fuertemente cuestionada, el Gobierno tiene que dar señales claras, y, junto con buscar una solución de fondo, proponer cambios inmediatos en el funcionamiento de este servicio, para que el Estado cumpla, de una vez por todas, con los niños más vulnerables de nuestro país.


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