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Publicado el 07-03-2026

Desde el otro lado del camino

Vale la pena reflexionar desde una perspectiva amplia, más allá de nuestros sesgos y prejuicios.

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Reflexionar con calma es una necesidad imperiosa. En tiempos de urgencias permanentes, la reflexión parece haberse vuelto un lujo. Todo exige una reacción inmediata, una toma de posición instantánea, una frase contundente que permita ubicarse —y ser ubicado— en alguna posición con rapidez. En ese ruido constante, pensar en voz baja se confunde con indiferencia; el matiz, con debilidad; el sentido común, con falta de carácter. 

 Vale la pena reflexionar desde una perspectiva amplia, más allá de nuestros sesgos y prejuicios. El sentido común suele ser calificado como “el menos común de los sentidos”, no porque sea inaccesible, sino porque exige algo que escasea. Pensar con sentido común no implica neutralidad ni ausencia de convicciones. Implica resistir la tentación de simplificar lo complejo y de reducir los problemas públicos a consignas cómodas, y a tomar una cierta distancia de la contingencia. 

Nadie es neutro, yo tampoco. Soy independiente (aunque milité por más de 35 años en la Democracia Cristiana), de centro, con una experiencia de vida marcada por la acción política, la vida académica y el ejercicio profesional en el ámbito privado. 

He estado “a los dos lados del mostrador” (en el sector público y privado) y creo que esto me ha ayudado a entender qué hay detrás de las posiciones de distintos grupos de interés, los cuales, las más de las veces, se resisten a dialogar a partir de una escucha activa y genuina, lo que sólo aumenta los niveles de desconfianza que hay entre nosotros.

En este blog escribo sólo para ordenar ideas, revisar certezas y reflexionar en voz baja sobre los temas que nos afectan a nivel personal y social. La contingencia estará presente, inevitablemente, pero no como un fin en sí mismo. Me interesa más detenerme en lo importante, en lo que permanece, más que en lo efímero.

Pensar en voz baja no es retirarse del debate público. Es negarse a contribuir a su degradación creciente, es aceptar que la complejidad no se resuelve con etiquetas, que la democracia se debilita cuando se transforma en un juego de identidades irreconciliables.

No busco convencer al que piensa distinto ni reafirmar al que ya está convencido (para eso están las redes sociales y sus algoritmos)Este espacio sólo busca ofrecer una pausa, para disentir sin caricaturas y para recordar que la reflexión sigue siendo una forma valiosa de compromiso, sobre todo cuando de ella se pasa a la acción. 

“Fortiter in re, suaviter in modo.” Desconfío de quienes “pontifican” desde la autosufuciencia o desde una supuesta superioridad moral. Prefiero las conversaciones honestas que buscan, con humildad, desapego y tolerancia, “salvar la parte de verdad que hay en el otro”. Es perfectamente posible defender nuestras convicciones con claridad y firmeza, pero de una forma dialogante, amable y respetuosa.

 

Nicolas Gutierrez

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