Laura Pizarro Araya nació el 16 de mayo de 1924 en el hospital de Illapel y vivió su infancia en el fundo El Blanquillo. Con su marido Jorge Galleguillos Valdivia tuvo 5 hijos: Susana, Jorge, Francisco, María Fernanda y Laurita Elena, quien falleció a temprana edad. Deja 16 nietos y 33 bisnietos que la adoran.
Egresó del Liceo 4 de Recoleta y fue siempre la mejor alumna de la clase. Comenzó su carrera como profesora de Castellano en Potrerillos y luego en la Andes Copper Mining Company. Lo hizo tan bien que le pidieron hacer clases a los ejecutivos de la compañía.
Fue una gran deportista, jugó basketball en el colegio y le gustaba la equitación, ganando en Potrerillos un concurso con el caballo Rasputín que le prestó el cuerpo de Carabineros. Fue tan buena que le ganó a la esposa del jefe de Carabineros y, según me cuenta su nieta María Laura, de que fue con un caballo prestado por los mismos Carabineros.
En ese tiempo se conoció con don Jorge, se casaron en 1950 y se fueron a vivir a Coelemu temporalmente por el trabajo de él. Vuelven a Ovalle en 1952 y dos años después empieza a trabajar en el Colegio Amalia Errázuriz de Ovalle, que pertenecía a la Congregación San Juan Bautista, hasta el año 1972, cuando las monjitas deciden dejar el colegio, y ahí le tocó liderar la mantención del colegio.
Luego de eso los apoderados deciden que ella sea la directora y comenzó una lucha por mantener el colegio andando, haciendo muchas actividades para juntar dinero para que este funcionara.
Y continuó en el puesto hasta que recibe un llamado muy significativo para ella y para la provincia de Limarí, de parte de don Patricio Aylwin para ofrecerle el cargo de gobernadora provincial, retomando su vocación de servicio público que había también desarrollado como regidora en los años 67 y 73 (y que continuó desarrollando con posterioridad como concejala de Ovalle).
Muchos y muchas de ustedes podrían contar tantas cosas de la señora Laura (pobladores, crianceros, exalumnas del Amalia Errázuriz). El mío es un modesto testimonio, a partir de mi experiencia personal. Conocí a la señora Laura en 1997, año en que tuve que enfrentar una elección interna de la DC para poder competir en el cupo de diputado que dejaba Jorge Pizarro (quien me pidió que les transmita sus saludos, a la familia y sus amigos, ya que no pudo acompañarnos por razones de fuerza mayor). En su acogedora casa, llena de buganvilias y otras plantas y flores preciosas, y a pesar de no conocerme, me recibió con cariño, pero con algo de distancia. Luego de un exhaustivo interrogatorio (propio de una profesora exigente y rigurosa frente a un alumno desconocido) me dijo que contara con ella (por supuesto, fuera de su horario de trabajo en la gobernación). Después de recibir su apoyo sentí el mismo alivio que experimenté después de haber pasado el examen de grado.
ACOGEDORA, EXIGENTE Y CORRECTA
Luego, ese año vino el devastador terremoto de Ovalle y Punitaqui, donde cientos o miles de familias de la provincia de Limarí, perdieron sus casas. En vez de amilanarse, comentaba, al recorrer las casas de adobe que estaban en el suelo (y que ayudaron a evidenciar las condiciones precarias en que vivían muchas familias de Ovalle), que esta catástrofe debía ser una oportunidad para construir casas y edificios sólidos que permitiera a los pobladores vivir con dignidad y seguridad. Imposible olvidar cómo el Presidente Frei, don Renán y los integrantes de sus gabinetes la respetaban. Cuando dictaba pautas y decía lo que había que hacer, todos escuchaban en un silencio total, como alumnos que escuchaban a su profesora jefa. Hasta Frei tomaba nota frente sus “órdenes”.
APLOMO, TEMPLE, PRESTANCIA, INTELIGENCIA Y LIDERAZGO
Ahí están las casas, ahí está su querido edificio de los servicios públicos.
Puedo dar fe, al igual que muchos de ustedes, que como gobernadora mostró siempre su preferencia por los habitantes que vivían en el sector rural y las poblaciones más modestas. Solía decir: “¿cómo es posible que cada cierto tiempo la autoridad sanitaria decomise el queso de cabra en la feria modelo? Debemos apoyar la construcción de plantas queseras de calidad”. Ahí están los crianceros trabajando con sus plantas queseras que cumplen con las normas sanitarias. “¿Cómo es posible que quieran sacar a los pobladores de la población Bellavista y erradicarlos porque sus terrenos son caros? Debemos lograr que el programa Chile Barrio les construya viviendas dignas donde ellos han vivido toda la vida”. Ahí están los vecinos de la Bellavista viviendo con dignidad.
SU COMPROMISO CON LOS MÁS POBRES
No fueron sólo parte de su discurso sino un compromiso de vida con los bienaventurados, quienes, no tengo duda alguna, ya la recibieron con júbilo y los brazos abiertos en el Cielo. Mujer creyente, que inculcó a muchas de sus alumnas, amigos y camaradas la Doctrina Social de la Iglesia, no sólo a partir del estudio y la reflexión, sino que principalmente con su testimonio.
Señora Laura, usted siempre me trató como un hijo, como su amigo. Cada una de mis tres hijas siguen durmiendo con los cojines que usted les bordó (con el nombre cada una de ellas). Mi hijo Arturo, que la conoció el verano pasado en su casa en Tongoy, en ese momento (recién egresado del colegio, quedó tan impresionado “por la lucidez con que esta señora de 100 años le contaba las historias tan interesantes” y por tratarlo “como una persona grande”) es testigo junto a la María Fernanda y su nieta María Laura, de la petición que me hizo: “Patricio, me gustaría que hables en mi funeral”. Hasta en esto daba instrucciones. No dejó nada al azar. Imagínense la emoción que sentí, y la honra que es para mí, poder compartir estas palabras con ustedes, sobre una persona que multiplicó con creces los enormes talentos que el Padre le dio.
Seamos honestos: ante tanto homenaje y expresiones de gratitud, no tengo duda que la señora Laura se sentiría algo incómoda y nos llamaría la atención, recordándonos la frase bíblica: “siervo inútil, con tu deber no más cumpliste”.
Pero en esto no le vamos a obedecer, porque la señora Laura vivió las bienaventuranzas de manera genuina y coherente y dejó una huella imborrable en su familia y en su gente, a quienes sirvió con amor y fraternidad, así que, esta vez no le vamos a pedir su venia y le vamos a seguir haciendo homenajes, simplemente porque se lo merece.
Gracias Señor Jesús, por la vida fructífera y bondadosa de la Señora Laura Pizarro de Galleguillos.
Señora Laura, la vamos a echar mucho de menos. Descanse en paz.


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